El cuadro pinatarense vuelve a recurrir a la épica de los últimos instantes para llevarse un partido muy disputado ante Reyco CD Burela FS

La épica se vuelve a apoderar del Príncipe de Asturias. Da igual cuando leas esto, ya casi deja de ser noticia. No obstante, no por habitual es menos especial. La mística de un lugar en el que los milagros existen sigue levantando las almas de la familia pinatarense, que se queda con otros tres puntos con un desenlace final apoteósico. Cobarro, a menos de un minuto del final, tumba a un correoso Reyco CD Burela FS. La batalla, nuevamente, vuelve a caer del lado de Zambú CFS Pinatar Cerramientos Abatibles, que se mueve como nadie sobre el alambre.

No empezaba y no iba a ser nada fácil el choque. Desde el primer momento los visitantes se plantaron con una sorprendente valentía y descaro sobre el parqué de San Pedro del Pinatar. El conjunto buralés obligaba a emplearse a fondo a Diego Torres, que volvió a sacar a relucir su versión de salvador bajo palos. El guardameta madrileño sostenía a los pinatarenses mientras estos se trataban de asentar en el encuentro.

Espín despertaba a la escuadra local con un primer remate peligroso que se estrellaba en la madera, lo que iba a suponer el inicio de unos buenos minutos por parte del equipo de Dani Martínez. Juanpi también probaba fortuna, pero el guardameta visitante sacaba su remate, al igual que el de Josema, quien también se estrellaba con el portero rival. La cosa ya pintaba bien distinta. El conjunto marmenorense estaba empezando a sacar toda su artillería, con ataques constantes que frenaron el impulso inicial del cuadro dirigido por Juanma Marrube.

La contienda se desnivelaba en los últimos compases del primer acto, con un gol obra de Meira. El brasileño conectaba un gran remate para batir al cancerbero de los gallegos y subir el 1-0 al marcador, cosa que desató una locura de tramo final de primer acto. Intercambio de golpes, ocasiones, goles y polémica. No faltó ni un sólo ingrediente a esos últimos minutos de primera parte. El enfado entre la parroquia pinatarense se desataba primero con una acción en la que el portero visitante desplazó ostensiblemente la portería y no se señaló libre indirecto, para aumentar posteriormente con un doble-penalti más que riguroso en contra. Reyco CD Burela FS no falló la oportunidad y transformó ese diez metros para anotar el 1-1 justo antes del descanso.

La segunda mitad fue nuevamente de fuerzas muy igualadas, con ambos equipos batallando sin contemplaciones por llevarse el gato al agua. Zambú CFS Pinatar Cerramientos Abatibles buscaba con ahínco el gol, pero es que Burela no se quedaba atrás en esa carrera por generar el máximo peligro posible.

Espín y Juanpi seguían buscando su gol, pero seguían estrellándose con el cancerbero rival. Nano generaba estragos en la defensa naranja, pero tampoco estaba acertado de cara a puerta. Mientras tanto, Diego Torres seguía levantando el muro en su portería con paradas de mucho mérito cada vez que los suyos requerían que se empleara a fondo.

Todo parecía abocado al empate, no por falta de ocasiones, pero sí por la ausencia de efectividad en los últimos metros. Todo parecía, pero en el Príncipe de Asturias hasta que no suena la bocina todo es posible. Nadie baja los brazos y la fe se apodera de un templo que acostumbra a dejar finales de partido para el recuerdo. Cobarro, casi como un ser tocado por una varita mágica, entraba por sorpresa en el segundo palo para rematar un balón servido desde el costado derecho. En un abrir y cerrar de ojos el ciezano ponía a bailar a las gradas del Príncipe de Asturias, como premio a la insistencia local tras llevar dos minutos jugando con portero-jugador. A poco más de cincuenta segundos del final, había vuelto a pasar. La magia del pabellón pinatarense daba otra tarde de gloria. Una más, y ya se ha perdido la cuenta del total de veces que ha pasado.

Es difícil de explicarlo desde el punto de vista táctico-técnico, casi que es imposible de articular con palabras de forma racional lo que pasa en el Príncipe de Asturias. La muerte con crueldad es la escena que más se repite en un pabellón que lleva en volandas a su equipo y lo hace volar incluso cuando todo y todos parecen querer cortarle las alas. El vuelo es de nuevo firme, alto y lleva camino de seguir haciendo soñar. Un día más en la oficina, un día más de fenómenos fuera de la lógica de los mortales en el príncipe de Asturias.

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