El Príncipe de Asturias que retumba con una nueva remontada de grandeza por parte de su equipo

Cada vez es más difícil explicar con palabras lo que sucede en el Príncipe de Asturias. La mística de este mágico lugar no entiende de días o rivales, saca su porción de fenómenos inexplicables con frecuencia, convirtiendo a la plaza en un territorio del que los rivales salen sin entender cómo se les escapa algo que tenían en la mano. Barça Atlètic es un equipo más al que sumar a la lista de conjuntos ilusionados y posteriormente tumbados con crueldad por parte de Zambú CFS Pinatar Cerramientos Abatibles. Hoy tocaba página de oro en la historia de un Pabellón que sabe de su fortaleza en el sueño del ascenso. 8-4 puede parecer un resultado medianamente cómodo, pero ni mucho menos ha sido así. Lo de los últimos diez minutos ha sido una nueva demostración de que esta familia es imparable cuando se monta en la ola que arrasa rivales como quien come pipas en una tarde de verano.

Empezaban muy bien las cosas, con el primer gol de un Cobarro que iba a dar su actuación más estelar -y ya es decir- desde que viste la elástica pinatarense. Eso era a los cuatro minutos, pero Barça Atlètic no iba a vender su piel tan fácil. Los culés empataron con un tanto de Sergi Viedma, al que Juanpi respondió al minuto a través de un zapatazo teledirigido a la escuadra. Cuando parecía que el partido se iba con 2-1 al descanso, mazazo ´in-extremis´. Tras varios rebotes y casi llorando llegaba el 2-2 del cuadro de Fernandao. Roger era el último en tocar el esférico para poner las tablas y cerrar la primera mitad, porque ya no había tiempo para más.

Lo de la segunda parte fue memorable, otra de las que llevan sello San Pedro del Pinatar. No podían ponerse peor las cosas, el equipo de Dani Martínez iba a llegar contra las cuerdas a los últimos diez minutos de partido. Roger nuevamente y después Pol Cano ponían por delante al filial barcelonista, con un 2-4 en el marcador al que tocaba hacer frente con pundonor, entrega y casta, más que nunca.

No pasó nada. Daba la sensación de que las pulsaciones no subían lo más mínimo. Con la misma confianza de cuando las cosas están saliendo se afrontaba la misión remontada. Era como un presentimiento de que iba a ocurrir lo que acabó ocurriendo, porque tantas veces antes ha ocurrido ya. En estas aguas no hay nadie que se mueva como la familia pinatarense y así ha quedado demostrado un día más.

La chispa de Nano prendió la mecha de un Príncipe de Asturias ya de por sí con ganas de marcha. El ala cartagenero recortaba distancias a diez minutos del final, lo que destapaba el tarro de las esencias en el feudo marmenorense. En menos de un minuto, se terminó de dar la vuelta a la tortilla por completo. Fue lo que tardaron Cobarro y Pablo Ibarra en asestar dos golpes letales al Barça Atlètic. Siete minutos por delante y las aguas ya bajaban a favor de la escuadra local, que no se conformó con el 5-4. El portero-jugador de los blaugranas a cuatro minutos del final terminó de redondear la fiesta particular de Cobarro y la general de todo el Príncipe de Asturias. Tres goles más redondearon el repóker del ciezano, que llevó al éxtasis a un pabellón que literalmente retumbaba.

El 8-4 final es una nueva demostración de que, para matar a Zambú CFS Pinatar Cerramientos Abatibles hay que matarlo varias veces. No vale con tenerlo al límite, es necesario asegurarse de que no tiene margen de maniobra, porque como le quede un mínimo aliento de esperanza, resurge en cuanto su gente le hace entrar en ebullición. Ser de la familia pinatarense es creer en lo imposible, cuando todo parece perdido. Lo va entendiendo más gente y se va sumando a un barco que sueña con más fuerza si cabe en acabar llegando al puerto deseado.

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