Un renovado Príncipe de Asturias abre de nuevo sus puertas con un duelo de alto voltaje

El templo abre sus puertas. Lo hace con una imagen renovada, con zapatos nuevos para albergar una nueva campaña de emociones fuertes cada dos semanas. Pista nueva y la pasión de siempre, el sentimiento pinatarense por bandera para generar ese fortín en el que tantas jornadas de gloria se han vivido en los últimos años. El Príncipe de Asturias, plaza cada vez más reconocida en el fútbol sala español, acoge de nuevo fútbol sala de alto voltaje con el primer partido de la campaña en casa para Zambú CFS Pinatar Cerramientos Abatibles. Se trata, además, de una cita por todo lo alto, con la visita de Family Cash Alzira FS este sábado, a partir de las 18:00h.

Duelo de nivel, de los de empezar fuerte, de los que pueden suponer un golpe encima de la mesa. Los dos equipos sobre los que se ponen la mayoría de los focos en la lucha por el ascenso. El cuadro pinatarense viene de quedarse a tan solo tres minutos de ser de Primera, mientras que Alzira ha estado en la élite en dos de las últimos tres cursos. Batirse en duelo, empezar a marcar territorio poniendo toda la carne en el asador desde ya, demostrar que la apuesta va fuerte. Son muchos los alicientes que rodean a un auténtico choque de trenes este fin de semana en San Pedro del Pinatar.

Lo de la primera jornada no hace más que refrendar la fortaleza de ambos conjuntos. Los dos ganaron, con puño de hierro y empezando a destapar el tarro de las esencias. El equipo de Dani Martínez lo hizo a domicilio, de forma solvente y con la primera alegría del curso en la cancha de un Melistar FS llamado a dar un salto de prestaciones este año. Solvente también fue el triunfo de los alcireños, en su caso como locales y con el resultado calcado pero a la inversa, 3-1. Un pistoletazo de salida con la directa ya puesta para empezar a acumular puntos en el casillero desde el principio.

A partir de este sábado, toca dar continuidad a lo vivido durante la campaña pasada en casa. Un viaje de ensueño, con tensión, lucha y algo de sufrimiento por momentos, pero con finales de júbilo desatado en la gran mayoría de las ocasiones. El Príncipe de Asturias se convirtió en esa especie de montaña rusa en la que las pulsaciones se ponían por las nubes. Entre tanta emoción compartida, el vínculo equipo-afición se fortaleció de una manera nunca antes vista. Esa conexión, por momentos mágica, ya dio muchas victorias el pasado curso y ahora solo se piensa seguir haciendo grande una pasión que cada año se supera.

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